Adiós a las manos caídas y las rodillas paralizadas

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Hebreos 12:12-13

"12. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13. y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado."

En nuestro caminar nos ocurren situaciones que nos decepcionan, apagan la llama que hay dentro de nosotros, nos desilusionan y nos encierran en una cárcel mental de la cual pensamos, no podemos salir. De repente nos encontramos rodeados de paredes negras y no se avista un rayo de luz en ningún lugar. Todo es oscuridad. Todo es tinieblas. El estar encerrados en nosotros mismos nos limita a continuar trabajando, a continuar esforzándonos y por consecuencia nuestras manos se caen y nuestras rodillas se paralizan; dejamos de caminar hacia adelante y empezamos a cojear. Perdemos nuestro propósito en la vida y nos empezamos a salir del camino de la bendición y buena autoestima.

Es pues necesario, cuando estamos en esa situación, estar consciente de nuestra naturaleza espiritual que está ligada a Dios y su buena voluntad hacia nosotros. Al recordar nuestra naturaleza y ver el ejemplo de Jesús y aplicarlo a nuestra vida la esperanza comienza a renacer en nosotros.

Jesús sacrifico su lugar y vida hasta la muerte por tal de recuperarnos para restablecer nuestra relación con Dios. Jesús nos sirve de ejemplo y aún mas, la sangre de Jesús derramada por nosotros fortalece nuestra conciencia espiritual y nos ilumina para entender que no importe la cárcel mental en la que nos encontremos, no importe si perdimos el propósito de nuestras vidas en algún momento dado o nos encontremos con las manos caídas, las rodillas paralizadas y cojos, recordemos que somos más grandes, con un propósito mayor y más excelso. Recordemos que nuestra naturaleza espiritual está ligada 100% a la alegría, al gozo, a la paz, a la prosperidad, etc. de la cual solo Dios es el proveedor y dador de toda buena gracia.

Dicho esto, si te encuentras en situación similar, si te encuentras con los brazos caídos, las rodillas paralizadas y sin propósito, recuerda volver a mirar a Jesús y con su ejemplo recordarás la vida plena y gozosa para la cual fuiste creado.

Amén.

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